
Una persona poco feliz, estas vacaciones en Uruguay, me recomendó este autor, a saber Mario Bellatin. Ciertas circunstancias hicieron que desdeñara de este consejo, no porque la persona en cuestión no fuese proclive a tener lecturas interesantes, sino más bien porque me causaba muchísima antipatía. Nuevamente, hace poco, una persona mucho más querida y respetada por mi, me comentó que había leído Damas chinas y que le había encantado. Lo poco que me comentó acerca del argumento y de los personajes me interesó.
Con este libro me pasó algo similar a lo que me produce la literatura de Bolaño: es hipnótico, adictivo; a uno le da la sensación de que no pasan cosas muy extraordinarias, pero tal vez esta honestidad del narrador, su escepticismo, los hechos narrados a medias ( en esto es muy Bolaño) nos hace necesitar continuar hasta el final sin apartar la mirada a riesgo de pasarnos de parada o estación si es que nos encontramos viajando.
El libro se encuentra dividido en dos partes. La primera parte está narrada en primera persona y trata de un ginecólogo que realiza sus actividades con cierto profesionalismo alcanzando cierta estabilidad económica. Este se encuentra casado y tiene dos hijos, uno de los cuales (con el que casi no tiene relación y con el que apenas habla) parece muy perturbado y envuelto en un torbellino de situaciones conflictivas y un poco oscuras. Por otro lado este exitoso ginecólogo contrasta esta vida de profesionalismo, en donde se relaciona a diario con mujeres de una manera estrictamente médica, con la concurrencia a prostíbulos y casas de masaje.
La última parte del libro es la narración (pero contada por nuestro protagonista) de un niño que acompaña a su madre periódicamente al consultorio del ginecólogo y con el que éste entabla una conversación en la sala de espera. Es una situación muy rara- se llama la atención varias veces a una forma anormal que tenía la cabeza de este niño de poca edad- y la narración resulta en cierto punto soporífera e hilarante, con escasa relación a lo que se venía desarrollando. Casi que resulta como un sueño.
Sin desperdicios, lo recomiendo con fervor!